Después de años escuchando el lacrimoso canto de sirena que denuncia que los artistas musicales -bandas de rock, cantantes de ópera, productores de música electrónica, djs, etc- se están literalmente "muriendo de hambre gracias a no vender una escoba sonora" debido a las lindezas ilegales de estructuras malvadas de pirateo indiscriminado como son emule, Soulseek, Pirate Bay, etc. -o esas libertinas webs de descarga directa de mp3 que nos alegran a todos tanto el corazón- ahora resulta que nos demuestran -con fríos números y cristalinos porcentajes en la mano- que de eso, nada. Si en el 2010 la tendencia no cambia, mientras las discográficas agonizan los artistas serán cada días más ricos. A continuación, las claves de esta revolución sónico-industrial que deja al borde de la ruina a la disqueras clásicas pero favorece al que realmente lo merece, el creador.
Un estudio serio y concienzudo realizado en UK revela que los músicos ingleses no han ganado tanto en su vida como en los últimos cinco años. ¿Y cómo puede ser esto si cada vez se venden menos discos y el mercado disquero agoniza que es un primor? Muy sencillo, Internet y las nuevas tecnologías -esas que han facilitado el intercambio "ilegal" de archivos musicales o el perseguido y demonizado pirateo- se han convertido en un escaparate global increíble en el que se promocionan de forma directa, gratis y personalizada, y más que nunca, artistas ya consagrados y noveles, sin contar con el disco editado como herramienta imprescindible… ahora el negocio ha pasado a estar en el directo, en los bolos, en las camisetas y es aquí donde los músicos han disparado sus cachés y multiplicado sus fechas por dos, tres y diez. Lo que es de perogrullo es que cuanta más gente descarga música, más público potencial tiene acceso a ese material y así crece la posibilidad de que se haga fan del mismo y al final paguen por su disfrute, y ahora sin pasar por el antes impepinable aro de las disqueras. Muchas bandas actuales de relumbrón y fama planetaria serían todavía completos desconocidos en otros países, lejos del salón de su casa, si hubieran tenido que esperar que esas empresas musicales de trazo grueso y porcentaje abusivo les editasen sus discos con una mínima dignidad; se gastara un pastizal en darles promo y les hubieran apoyado en esos comienzos siempre erráticos y dificultosos. Ahora gracias a las descargas -legales o ilegales, júzguenlo ustedes- podemos escucharles previamente, enamorarnos de su sonido y desear verles en directo pasando religiosamente por taquilla y hasta incluso muchos acabaremos comprando el disco en un acto sincero casi de mecenazgo, de agradecimiento al artista que amamos y respetamos.
El revelador estudio elaborado por el diario inglés 'The Times' -adscrito al mercado musical inglés- corrobora todos estos datos con cifras y contradice claramente esa denuncia de las discográficas y artistas de que la piratería está reduciendo drásticamente los ingresos de la industria musical en su conjunto, gran mentira amigos. Según este informe los ingresos brutos de discos vendidos entre 2004 y 2008 han caído de 152 millones de libras a 111, pero esta diferencia ha quedado compensada y con creces con el aumento de los que los músicos han ingresado por sus actuaciones en directo -al multiplicarse la demanda de shows y subidas de cachés- y que han pasado de 430 millones de libras en 2004 a 732 en 2008, casi nada al aparato. También ha aumentado de forma considerable la inversión publicitaria en prensa de este tipo de eventos y lo que los artistas han recaudado además por la reproducción de sus discos en lugares públicos, etc... de 412 a 535 millones de libras. Frente a esto lo que si es cierto es que las discográficas clásicas pasan por un momento más que apurado y sus ventas han caído de forma vertiginosa -hasta en un 30%-pasado sus ingresos de 1.067 millones de libras a 782 en solo tres años. En cambio, los promotores británicos se han hecho inmensamente ricos pasando sus ganancias a doblarse, de 47 kilos a 87.
El turrón ya sabe todo el mundo donde está y parece que en este nuevo paisaje el intermediario -léase el disquero y por lo tanto el disco en cualquiera de sus formatos físicos- parece tener los días contados. Lo que parece claro es que si esta tendencia continua durante el 2010 el montante económico que recaudarán los artistas por tocar en directo en Gran Bretaña superará al ingreso de las discográficas por las ventas de sus discos de por primera vez en la historia, un dato más que contundente y esclarecedor. Además todo apunta a que durante el años que viene los shows y conciertos en directo sigan en ascensión -como todo lo que afecta al ocio- por lo que la supervivencia de la industria musical está asegurada y además escrita en letras de oro. Llegados a este punto no debemos olvidar que el 90% de los ingresos de la venta de discos se queda en manos de la discográfica. Es decir el artista ve el dinero pasar pero casi no lo huele, solo el 10%. En el negocio del directo la cosa cambia de forma importante, es decir el músico se lleva a casa el 90% de lo recaudado en taquilla y el promotor el resto, el mundo al revés y a todas luces más justo.
Ahora solo nos queda ver ahora si estos datos son extrapolables al mercado español y según los analistas económicos parece que sí lo son a pesar de que la industria musical inglesa es real, no como la nuestra que se muere aún estando en pañales. Lo que parece claro es que en este nuevo escenario global -en el que nunca se ha escuchado y hay tanta música como ahora gracias a Internet y en el que la gente comparte sus joyas musicales creando entre todos una gigantesca discoteca virtual y mundial al alcance de cualquiera- ya no hay lugar para este tipo de comisiones terribles y filibusteras que han impuesto los capos de algunas discográficas por todos conocidas y que han ahogado literalmente a la creación sonora durante más de dos décadas. Las nuevas formas de venta digitales y las plataformas on-line que las difunden -vía descarga, precios ajustados y de mp3 en alta calidad- son actualmente el mejor canal y un camino a investigar y defender. No obstante, y como conclusión, parece evidente que la música será totalmente gratis y libre en un futuro no tan lejano y será pues utilizada por los propios artistas para hacer promoción de su trabajo y conseguir así seguidores, contratos y ventas. Guste o no el gran público ya puede acceder -léase escuchar- de forma casi gratuita - a los creadores sin tanta parafernalia, mentiras de un éxito que casi nunca llega y se paga carísimo y ese marketing falaz que solo engorda la cuenta corriente del tiburón habitual. Los creadores ganarán dinero sobre todo a través de sus conciertos y de la venta directa de su bonito y cuidado merchandising. Las discográficas de corte trasnochado tendrán que -como ya lo están haciendo las majors- reconvertirse en managers de artistas o directamente ir buscando un lugar tranquilo para morir.
Bienvenidos a 2010, el año en el que el pirata bueno salvará a la industria musical.